Ese día empezó temprano para mí. A las 6 de la mañana emprendía mi viaje camino de Box Hill para ver la carrera de carretera de ruta masculina de los Juegos Olímpicos. Tras conducir unos kilómetros y una serie de trenes, conseguí llegar a la estación de tren de Box Hill&Westhumble, a un paseo del circuito de la competición. Me uní a las masas y a lo que parecía una cola interminable, aunque pasé rápidamente por seguridad. Los empleados somos serviciales y amables, solo hay que tener un poquito de paciencia.
Tenía un tique para el Dormouse Drive y la curva de mariposa, pero pese a haber salido a las 6 de la mañana, no pude llegar al circuito mucho antes de las 10, la hora a la que estaba previsto el comienzo (los ciclistas tenían que pasar por allí a las 11:30 h). Me dijeron que en la zona Dormouse ya había mucha gente y me mandaron a mí solo a la cima de Box Hill. De camino hacia arriba por el zigzag, avisté el tramo de carretera y alguna que otra posición de primera para ver la carrera, así que salté colina abajo para ponerme donde tendría que haber estado desde el principio. Poco después el personal cerró el paso a la cima porque también había mucha gente allí, así que por lo visto tomé la mejor decisión y me coloqué en primera plana listo para la acción.
El ambiente durante la carrera era sencillamente fantástico. Todo el mundo la vivía con agrado y emoción, y había muchas familias con niños que escribían mensajes sobre el asfalto, además de equipamientos y banderas del equipo GB por doquier. Qué más puede pedir un fanático del ciclismo además de pasar una tarde al sol con otros ciclistas viendo a los mejores ciclistas del mundo y en tu país. Fans australianos, holandeses, rusos, franceses, alemanes y belgas aguardaban la aparición del pelotón.
Pasaron muchas motos “dándole esos cinco” a los fans orillados a los lados de la carretera, a las que les seguían la policía, funcionarios, la prensa y por último los coches del equipo. Ahí ya sabíamos que los ciclistas no tardarían en llegar. Primero vinieron los que se habían desmarcado (y esforzado mucho para permanecer en cabeza). El sudor se deslizaba por la cara de los ciclistas, pero todos ellos se arrastraban y arrancaban para mantener el ritmo alto. Sobrevolado por helicópteros, el pelotón no tardó en alcanzarnos, y se esfumó colina arriba a una velocidad increíble en una neblina de color y de chirridos de ruedas sobre el asfalto. Puedes verlos en la tele con frecuencia, salir en bici con los amigos y alcanzar cierta velocidad, pero aun así no aprecias la velocidad a la que van rodando hasta que estás ahí delante como espectador y te pasan 145 ciclistas profesionales a más de 30 km/h. Simplemente alucinante.
En medio de toda la excitación de haber visto pasar a los ciclistas, tuvimos alrededor de 10 ó 15 minutos de tiempo muerto entre cada vuelta para hablar entre nosotros y picar algo. Por supuesto, había algunos ciclistas que pese a sus esfuerzos no pudieron seguir el ritmo que llevaba el equipo GB y que pronto se vieron relegados a los últimos puestos tras la primera vuelta. Hay algo que a los fans les encanta, y es ese esfuerzo intransigente. Esos ciclistas que decaen en la cola, y a los que en algunos casos pasan de vueltas, merecen sin duda el mayor apoyo de sus fans. Todo ser viviente allí presente los animaba y quería que siguieran en la carrera. Desafortunadamente, en el ciclismo no hay lugares donde esconderse, y es cuestión de tiempo que tu forma física se descubra. Si no puedes seguir el ritmo, volverás a la meta en la furgoneta que os va recogiendo, como muchos otros ciclistas han tenido que hacer también.
Las vueltas se fueron sumando, los mensajes en tiza sobre el asfalto se fueron emborronando y el pelotón nos pasó finalmente por última vez. Sin embargo, a los ciclistas les quedaban todavía 40 km hasta poder alcanzar la línea de meta en el Mall en Londres. Poco después aparecieron los cientos de fans corriendo al bar o a la pantalla grande más cercanos para contemplar el inevitable sprint final “de cuento de hadas”, y vuelta a las colas. Yo me quedé en Box Hill y escuché los últimos 40 km por la radio. Con la conexión a Internet del móvil, que era algo mala, me fui enterando de lo que iba pasando gracias a los seguidores de Twitter. Mucho mejor que estar haciendo cola y no ver o escuchar nada. La información del circuito sobre esa fase dejaba un poco que desear, y deduzco que muchos en casa tuvieron una sensación similar. Pese a todo, el margen era inferior al minuto. Había muchos ciclistas ilustres en el grupo del principio y muy pocos equipos evitando que así fuera. El equipo GB no podía hacer más, un aplastante final para las esperanzas del GB de llevarse una medalla; pero los fans aplaudían y animaban a todos por igual. Tuvieron lo que querían ver: numerosos ataques y al equipo GB dándolo todo. No podemos esperar mucho. Un ganador en el Tour de Francia y la medalla de oro en la carrera de carretera de las Olimpiadas en el mismo año ya es mucho pedir, considerando que solamente ha habido una semana entre ambas carreras.
Qué más puedo decir, Boxhill es un circuito fantástico. Me siento increíblemente afortunado por haber tenido la oportunidad de ver a los atletas pasando por delante de mí gritando 9 veces; una ocasión que no se te presenta ni en el Tour de Francia. Mi tique de 10 £ fue realmente barato para una experiencia como esta que no tiene precio, algo que seguramente no tendré el placer de revivir. Todas esas horas empleadas en el proceso de compra online meses atrás bien merecieron la pena. Una experiencia que nunca olvidaré.

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